Los recuerdos de Máximo Fernández


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Una vuelta por una de las localidades del partido de Bragado y un montón de historias para recordar.

Mapa del recorrido

https://maps.google.com.ar/maps?ll=-35.078617,-60.525055&spn=0.171107,0.220757&t=h&z=12

Los recuerdos de Máximo Fernández
Varias veces regreso a ese remoto pueblo del interior del Partido, donde alguna vez llegaron a vivir alrededor de 1000 habitantes. Como la mayor parte de las localidades rurales, el paradigma del monocultivo de soja domina la geografía argentina y las consecuencias están a la vista: pueblos despoblados, ruinas de otra época, algunos pobladores que reniegan del destierro y muchas historias.

Una de ellas fue construida por mis abuelos en esta localidad. Fueron pobladores durante algo más de 30 años de lo que se conocía como «La panadería» de Fernandez. Vivían en este chalet y en el fondo encontrábamos la cuadra con las maquinarias para hacer el pan. La tarea iniciaba cada día poco después de la siesta como a las 4 de la tarde. El abuelo «Pocho» salía en su camioneta a recoger leña para el horno. Como la palma de la mano conocía cada rincón de aquel frondoso monte, todavía ajeno a las máquinas de la agricultura neoliberal.

A su regreso, la actividad se centraba en la cuadra. En la larga batea de la máquina de mezcla, colocaba la harina, el agua, levadura, bicarbonato y con ellas, la radio siempre clavada en la previa de algún partido de fútbol. Eran épocas en las que su River de Funes y Alzamendi se mezclaban con las andanzas de Vilas y Clerc.

Cuando la mezcla estaba lista, la masa «descansaba» mientras Martina servía la cena. Siempre una sopa de entrada; y a la postre el trozo de alguna gallina que había vivido su último día. Ya en plena noche, de vuelta el rugir del motor de la zobadora: una estirada, la masa a la larga mesa de trabajo y el corte de cada uno de los bollos que eran colocados en los largos tablones, unos sobre otros a la espera del calor del horno.

A las cuatro o cinco de la madrugada la rutina de cocción daba comienzo. Ya con los bollos hinchados por la levadura, en fila entraban y salían del horno y se embolsaban. Ya a las 8 o 9 caía el primer paisano a buscar la galleta, que con el mate cocido, calentara los huesos para otra mañana de trabajo.

Un día tras otro, esa cuadra fue testigo de la digna rutina de hacer el pan, y de cada uno de los hermanos, sobrinos, hijos y nietos que disfrutabamos de la tarea.

Lo que vino después para la vida de estos pueblos es historia conocida.

Acá les dejo las fotos de una vuelta más por Fernández. Ya no se a que vuelvo; tal vez para encontrar un día, aquel olor de la galleta crujiente recién salida del horno.

3 comentarios en “Los recuerdos de Máximo Fernández

  1. Maria Celina Garatte

    Quedaron atrás las caminatas por el monte…el agua fresca de la bomba..las tardecitas en el corredor,con la galleta el chorizo seco ,el tinto y la radio del abuelo..las siestas transgresoras..jajaja cuando ibamos a quedarnos..la siesta era el momento de atacar en puntas de pie,para no despertar a Pocho,la vitrina de las golosinas del local de venta de la panadería jajaj…,en fin parece historia lejana de un tiempo mas calmo,mas inocente,menos contaminado..sin embargo..es de apenas 30 años atras…
    Gracias Gui por haber permitido aflorar recuerdos tan lindos!!! Te felicito por tu trabajo!!

  2. Male

    Comparto todo lo que decís Celi!!! Qué lindo primo!! Gracias por traernos de vuelta ese tiempo en que la vida parecía desarrollarse más lenta en esa casa de tejas coloradas que siempre olía a pan recién horneado. Gracias por dejarme re-visitar esos lugares tan nuestros a través de esas fotos… al verlas, me parece que escucho el ruido de las palomas en la siesta y ese sonido del silencio del que gozaba Fernández en aquellos días de infancia. Me cuesta contener el lagrimón que intentan arrancarme esas imágenes y también la risa que se me dibuja en la cara cuando recuerdo cada una de aquellas historias plagadas de vida con la que llenábamos esos espacios que hoy parecen tan muertos. No sé si es la distancia o tus palabras o las imágenes (o la vida que me alcanza, dice la canción), los que me ponen tan maricona cuando vuelvo, indirectamente, a esos sitios en que se amó tan intensamente la vida! Abrazo inmenso Gui!!!

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